Ella se hacía llamar a sí misma la "jefa" y su hermano mayor, Sheriff, a
pesar de su nombre, no lo dudaba.
Anne Marie tenía una viveza fuera de
lo común para una niña de cinco años, especialmente para alguien que
acababa de perder a su madre por
el ébola, o al menos eso creía ella. Su padre se encontraba en paradero
desconocido, aunque los cuidadores del centro de atención de Hawa Massaquoi, a
las afueras de Monrovia, susurraban discretamente que él también había sucumbido
a la mortal enfermedad, al igual que miles de liberianos.
Estos niños estaban al borde de la orfandad, a punto de unirse a más de 4.000
niños huérfanos a causa del ébola que Unicef estima que hay ahora en los tres países afectados:
Liberia, Sierra Leona y Guinea. En total, la OMS calcula que 13.500 personas han
sido infectadas y
5.000 han muerto, pero todos coinciden en que
las cifras reales son, por lo menos, dos o tres veces mayores.
En medio del caos y la guerra contra este enemigo invisible, los tres niños -
Sheriff, Anne Marie y su hermana pequeña Agnes - habían sido separados de sus
padres. Su pequeña comunidad en Banjor, cerca de Monrovia,
había sido
completamente rodeada por el ébola; 20 personas murieron allí a finales
de agosto.
A principios de septiembre, la madre de Anne Marie,
Haja Kromah, fue
la primera de la familia en caer enferma y fue ingresada en una unidad
de tratamiento del ébola dirigido por Médicos Sin Fronteras en las afueras de
Monrovia. Poco después, el padre de Anne Marie, Solomon Sandee, debilitado por
fiebre alta y otros síntomas sospechosos, ingresó en otra unidad de tratamiento
de la enfermedad en el Hospital JFK, a mucha distancia de su esposa. Sin nadie
para cuidar de ellos, los niños se fueron también con él.
Centro de húerfanos
Ellos también se hicieron las pruebas pero no estaban enfermos, por lo que
fueron enviados a Hawa Massaquoi, el centro público infantil apoyado por Unicef.
Irónicamente, este centro había sido una vez utilizado para los
"huérfanos de guerra". Ahora, el centro estaba siendo utilizado
para los "huérfanos a causa del ébola", los niños perdidos, los niños rechazados
y los niños en dificultades.
Y allí estaba la familia Sandee junto con otros niños como ellos. Ahí estaba
la hermana pequeña de Anne Marie, Agnes, que se aferraba a su cuidador Mamie
Harris, de 33 años, que la quería y se preocupaba por ella como si fuera suya, a
pesar de que ya tenía seis hijos. Incluso su hermano Sheriff,
que
intentaba cogerla para abrazarla, fue rechazado con un firme "no" y un
grito.
La familia Sandee con el certificado de supervivientes del ébola.
UNICEF
Anne Marie, que se movía como pez en el agua y murmuraba con fuerte acento
inglés liberiano, era el centro de todas las miradas. Yo estaba con un
reportero, Lenny Bernstein, a quien ella había llamado su atención. Pudimos
adivinar lo que dijo en respuesta a sus preguntas. "No te entiendo," dijo ella.
"Es porque soy estadounidense", contestó Lenny.
"Quiero ir a Estados
Unidos", dijo Anne Marie. Con sólo cinco años, sin televisión y sin
saber lo que eso significaba, aún así, ella tenía una idea y se aferraba a
ella.
Se fue a la zona de juegos, todavía murmurando, provocando risas al personal
de Hawa. Ella cogió la esquina de una pegatina color azul de Unicef y se tapó la
boca. "¿Por qué haces eso?", le pregunté. "Eso es lo que hicieron los médicos",
dijo. Aburrida,
dejó caer la etiqueta, y otro niño la cogió
imitándola.
"Entonces, ¿qué sabes del
ébola?" le pregunté.
"Quiero que el ébola deje Liberia,
para que yo pueda ir al colegio", fue su elocuente respuesta, descifrada por los
lugareños.
Pocos días después llegó la noticia que me congeló las venas. Anne Marie, -
la atrevida, la invencible -
tenía síntomas de ébola. El
cuidador Fatu había actuado rápido. Anne Marie tenía dolores de estómago y una
erupción. Los signos estaban todos ahí. Anne Marie fue aislada en una habitación
separada, lejos de los otros durante la noche. Al día siguiente, Fatu estaba
nervioso. La ambulancia llegó y la llevó a la una unidad de tratamiento de
ELWA.
Era el mismo día que su padre,
Solomon, fue dado de alta.
Anne Marie había encontrado y perdido a su padre en el mismo día.
El domingo se confirmó lo peor. Llamé a su padre, que ahora tenía su teléfono
de nuevo, debido a que le habían dado de alta. "Lo siento mucho", le dije.
"¿Cómo está Anne Marie? ¿Está bien cuidada? "Espera", dijo, "Te voy a pasar con
su madre". Casi me caí de la silla.
Así que no era huérfana.
Eso era genial, pero todavía tenía ébola.
A las puertas de la muerte
Solomon había sido contactado por Médicos Sin Fronteras, para ver si él o la
madre podrían ayudar a cuidar a Anne Marie. Como supervivientes, ambos mostraban
resistencia contra el virus. También sabían lo que era estar a las puertas de la
muerte y podrían hacer lo que solo unos padres pueden hacer. Su madre todavía
estaba débil y tenía que cuidar a la pequeña Agnes. Así que, a partir de
entonces,
Solomon pasó casi todos los días y muchas noches al
lado de Anne Marie, alimentándola y cuidando de ella.
Días después, Solomon me dijo por teléfono, "Gracias a Dios, Anne Marie no
está evacuando.
Dicen que puede venir a casa pronto".
Finalmente, los tres miembros de la familia Sandee lograron superar y tienen
certificados de alta como supervivientes. Los padres habían visto el otro lado
pero ahora tenían sus
"nuevos certificados de nacimiento", como
ellos los llamaban. Solomon estaba tratando de conseguir su trabajo y su vida de
nuevo. Sherriff y la pequeña Agnes habían pasado el período de incubación de 21
días, demostrando que no habían contraído el ébola.
Anne Marie representa tanto de Liberia, el Estado solitario que se ha
convertido en sinónimo de un virus, en lugar de capacidad de resistencia.
Su imagen exterior es la de un traje de protección, sepulturas,
enfermos muriendo de forma absolutamente indigna frente a las puertas cerradas
de un lugar para curarse, un hospital.
Sus risas, su hermoso rostro radiante - Anne Marie podría ser la imagen para
un póster sobre el ébola. Ella sería mi "jefa", desafiando al mundo a mirarla,
a desviar la vista del horror e imaginar que no hay ébola, que
el ébola habría dejado Liberia para que pudiera volver al colegio. Una mirada
que dijera: que venga el futuro.
Sarah Crowe, jefa de Comunicación de Crisis de UNICEF, pasó varias semanas en
Liberia apoyando la respuesta de la ONG contra el ébola.